HERMANO GONZALO RAMIREZ

Hermano Gonzalo Ramirez

Hermano Gonzalo Ramirez

Creador del Podcast La Victoria de Jesucristo

¿OFENDER O NO OFENDER?

¿QUE DICEN SUS PALABRAS DE USTED? ¿QUÉ QUIERE USTED QUE DIGAN SUS PALABRAS SOBRE USTED? CONSIDERE LA MENTE Y CORAZÓN QUE DIOS QUIERE Y TRABAJA PARA QUE TENGAMOS Y DESARROLLEMOS DENTRO DE NOSOTROS.

La Biblia dice que los demás se ofenderán y serán divididos por el mensaje de Cristo. ¿Debemos entonces nosotros buscar es decir, esforzarnos en ofender aún más a las personas al hablar de manera brusca e irrespetuosa?

¿Qué hay de ofender a otros con nuestro discurso? ¿Qué dice la Biblia sobre ofender a las personas? ¿Está bien, o debemos evitarlo de cualquier manera?

LA VERDAD

Como cristianos, hay cosas que creemos o decimos que la sociedad alrededor nuestro va a hallar ofensivo y nos va a pedir que nos retractemos. No podemos comprometernos cuando esto interfiere con reportar la verdad o explicar la Palabra de Dios. Dios nos instruye a obedecerle sin vergüenza sobre todas las autoridades «Respondiendo Pedro y los Apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos 5:29) «Porque el que se avergüenza de mí y de mis palabras, de este se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su Gloria, y en la del Padre, y de los Santos ángeles.» (San Lucas 9:26).

Dios nos ofrece instrucciones sobre cómo hablar la verdad. «Sino Santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros;» (1 Pedro 3:15). Él nos dice que respondamos a preguntas sobre nuestra fe «con mansedumbre y reverencia». Debemos compartir la verdad de Dios con humildad, respeto y amor «Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,» (Efesios 4:15). Si hablamos con arrogancia, condescendencia o desprecio, estamos fallando estas instrucciones. Al observar estas Escrituras, usted puede tener «una buena conciencia» cuando los demás encuentren ofensivo lo que usted dice.

UN LLAMADO A MAYOR RESPONSABILIDAD

Dios nos hace responsable a usted y a mí por lo que decimos. «Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado» (San Mateo 12:36-37). Dios no quiere que seamos descuidados o desconsiderados con nuestras palabras. Debemos ser intencionales, mesurados y edificantes. 

¿Por qué? Dios da a su Iglesia varias grandes responsabilidades. Los Cristianos deben proclamar el evangelio del reino a todos «Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.» (San Marcos 16:15). Nuestro hablar es un área importante en la cual podemos ser ejemplo a otros «Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.» (1 Timoteo 4:12).

La Biblia dice que los demás se ofenderán y serán divididos por el mensaje de Cristo «No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra y los enemigos del hombre serán los de su casa.» (San Mateo 10:34-36). ¿Debemos entonces nosotros buscar es decir, esforzarnos en ofender aún más a las personas al hablar de manera brusca e irrespetuosa?

Dios nos ordena que debamos evitar esto, «Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles.» (1 Corintios 8:9). Pablo enseña que debemos evitar ser de tropiezo para los demás. Esto significa que debemos evitar el poner a otra persona en situaciones comprometedoras que puedan profanar su conciencia y ofenderlas. Pablo repite este principio a los Corintios a lo largo de su correspondencia con ellos «No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado;» (2 Corintios 6:3) «Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. no seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la Iglesia de Dios; como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.» (1 Corintios 10:31-33) «Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano. (Romanos 14:13). Jesucristo proclamó un «ay» sobre aquellos por quienes viene tropiezo «Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no venga tropiezos; mas ¿ay de aquel por quien vienen!. Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos.» (San Lucas 17:1-2).

Ofender a propósito a otras personas no predica el mensaje del evangelio o el plan de Dios. El único propósito que sirve es uno egoísta. Puede ser que nosotros estemos ventilado nuestra opinión, tratando de tentar, provocar o irritar a alguien, o que nosotros intentemos hacer entender nuestro punto de vista, o cualquier otra razón. Pero esa razón nunca es servir o respetar al prójimo, o amar y honrar a Dios. La instrucción de Dios es de «estar en paz» lo más que podemos «Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.» (Romanos 12:18) «Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.» (Romanos 14:19). Buscar ofender a otros intencionalmente falla en crear paz. Es dañino y erróneo.

EN SITUACIONES DIFÍCILES

Claro que nunca debemos censurar o neutralizar la verdad de Dios. Use la oración para pedir a Dios que le enseñe la mejor manera de compartirla, guiándolo en sabiduría y dominio propio. Que su meta sea usar un enfoque amable y cortés, uno que usted quiera que otros tomen con usted «Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.» (San Lucas 6:31). Dios ve una diferencia entre compartir su verdad y alguien ofendiéndose por ello, versus decir deliberadamente algo inflamatorio para irritarlos «La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor. La lengua de los sabios adornará la sabiduría; Mas la boca de los necios hablará sandeces. Los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos. La lengua apacible es árbol de vida; Mas la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu.» (Proverbios 15:1-4).

«¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.» 

Mateo 12:34-35

UN ASUNTO DEL CORAZÓN

Las palabras que usted y yo decimos reflejan tanto lo que somos como lo que queremos ser. Piense sobre este versículo ya que tiene que ver con ser tanto correcto en extremo como extremadamente brusco y sin filtro.

¿Qué dicen sus palabras de usted? ¿Qué quiere usted que digan sus palabras sobre usted? Considere la mente y corazón que Dios quiere y trabaja para que tengamos y desarrollemos dentro de nosotros. Por medio de su Espíritu, Dios quiere cuidar y crecer en nosotros los frutos del amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, contra tales cosas no hay ley.» (Gálatas 5:22-23). ¿Nuestras palabras dan evidencia de este crecimiento.?

Dios tiene un precioso y vital estándar para lo que decimos, que gobierna a los cristianos tanto como individuos como a la Iglesia entera. Dios nos esta llamando a ser débiles, pero Él no nos está llamando a ser intimidantes u ofensivos tampoco. Necesitamos ser balanceados y escoger sabiamente cuáles palabras decir y nunca sacrificar la verdad. A pesar de que se nos dice que lo evitemos lo más que se pueda, algunas veces ofenden a otros puede ser requerido para compartir apropiadamente la verdad de Dios. Dios nos llama a hablar con compasión, humildad y respeto en todo momento. «Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.» (Colosenses 4:6).

Así debemos hablar, usando sólo las palabras correctas. Una palabra dicha como conviene es como manzanas de oro «Manzana de oro con figuras de plata; Es la palabra dicha como conviene.» (Proverbios 25:11).

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